lunes, 10 de mayo de 2010

El "paréntesis" evolutivo.

Desde el comienzo de la existencia de vida en nuestro planeta, los organismos que en esta aparecieron han ido evolucionando hasta dar lugar a la forma que actualmente conocemos.
Más para desarrollar el tema que hoy nos compete realizaremos un repaso de las teorías evolucionistas que han existido. En un principio se creía que las especies se habían mantenido tal y como las conocemos desde su origen en base a una interpretación literal de la biblia. Y esta idea se mantuvo durante mucho tiempo, hasta que un caballero enunció la teoría lamarckiana, resumida en la frase “La función hace al órgano”. Esta sostenía que una especie evolucionaba en función del uso o desuso de alguno de sus componentes, como explicó con su famoso ejemplo de las jirafas. En este, argumentaba que en un principio las jirafas tendrían el cuello corto, y a fuerza de estirarlo para alcanzar las hojas superiores de los arboles, este derivaría en la morfología actual.
Hoy día sabemos que esta teoría es errónea, pues los caracteres adquiridos no se transmiten genéticamente. Sin embargo existen personas que desconocen ésta y la confunden con la teoría Darwinista, formulada por Charles Darwin, el cual, en su libro “El origen de las especies” explica que la evolución se produce porque en un individuo de una especie se produce una mutación. Esta mutación puede ser positiva, negativa o neutra. La negativa nunca llega a perpetuarse, porque supone una desventaja frente a los demás individuos de la especie, que realizarían una competencia considerable. La neutra depende del azar, pues al no influir positiva ni negativamente el individuo tiene las mismas capacidades que sus semejantes. Un ejemplo de una mutación que se ha mantenido sería el color de ojos azul en los humanos. Por último, la positiva es el tipo de mutación que hace evolucionar a una especie, ya que supone el proporcionar al individuo de la especie una ventaja con la que tener más probabilidad de sobrevivir. Al ser esta una mutación sí se transmitiría a la descendencia, y de esta manera, y a base de muchas de estas mutaciones la especie evoluciona.
Los restantes individuos de la especie pueden morir frente a la competencia establecida o trasladarse a otro medio en el que esta no exista esa competencia.

Sin embargo, el ser humano desde el punto de vista “natural” no evoluciona.
Si analizamos sosegada y minuciosamente nuestra sociedad apreciaremos que en ella no existe apenas lugar para la evolución. Antes mencionábamos que la evolución viene dada por la perpetuación de mutaciones positivas frente a la especie original. Pero si se sitúa a la especie original al mismo nivel que el individuo con la mutación positiva o a un individuo con una mutación negativa al de la original o incluso al de una positiva la especie no cambia.
Algo parecido sucede en nuestra sociedad. Proporcionamos gafas a los que sufren miopía o astigmatismo, sillas de ruedas a los discapacitados, esto no significa que no deba hacerse, pues de hecho no hacerlo sería incorrecto y cruel, pero desde un punto de vista “natural” la especie no evoluciona.
Algunas personas por estas u otras reflexiones han dado lugar a genocidios y asesinatos, como es el caso de Adolf Hitler. Esto aparte de ser horrible, no es lo lógico, pues en todo caso no habría que proporcionar ayuda a los individuos genéticamente inferiores, no eliminarlos sistemáticamente.
Reitero que esto aun siendo lo “natural” para que en una especie se dé lugar a la evolución, en nuestra sociedad es inhumana su aplicación, por eso puede que lo “natural” no sea lo más acertado.
Anteriormente me he referido a la evolución con el término “natural”, pero puede ser que nuestra evolución se vea reflejada no en nuestro físico, sino en nuestra tecnología, y que en lugar de desarrollarnos nosotros a favor de los cambios del medio lo hagan nuestros avances en medicina e informática.