martes, 5 de octubre de 2010

Una breve reflexión

¿No hemos sido presa en algún momento de una sensación angustiosa y huidiza que nos invade cuando nos hacemos preguntas de tipo existencial? ¿Y más aún si cabe cuando cada día llegan a nuestros oídos noticias que pronostican la caducidad de nuestro cuarteado y viejo planeta? Si bien es cierto que nosotros no estaremos seguramente presentes cuando suceda, ¿acaso no sentimos pena?
Lo cierto es que tengo algo de temor al progreso, al avance, a los grandes cambios que inminentemente se están produciendo.
A medida que evolucionamos tecnológicamente nuestro consumo aumenta de la misma forma y aunque aparentemente hacemos más esfuerzos para no contaminar lo cierto es que lo hacemos, e incluso en mayor proporción.
La creciente y "aparente" (véanse países sin desarrollar) calidad de vida nos asegura una larga existencia. Se promete en algunos casos la pronta resolución del misterio de la inmortalidad.
¿Y realmente es tan grave el morir? ¿No es más placentera una vida plena que otra insulsa y prolongada?
¿Nos gustaría ver como nuestros seres queridos mueren mientras nosotros seguimos ahí?
¿Es posible que un planeta finito pueda albergar un ilimitado número de individuos que continuamente está en aumento y no se ve detenido pues la muerte es desconocida para ellos?
Un afán de progresar y ser aceptados sin importar los medios.
Las modas se retuercen y suceden unas tras otras para volver continuamente la mirada atrás u originar más extravagantes y carentes de practicidad.
¡Y qué hablar de la arquitectura moderna! Diseños que agreden a la lógica y a los ojos por igual.
Se asemejan a cubículos que bien pueden ser confundidos con naves industriales. Todo con objeto de situarlos en un tiempo futuro unos sobre otros como una gigantesca colmena humana.
El espacio será uno de los recursos limitantes en el futuro, y nosotros que estamos tan orgullosos de las leyes, derechos y comodidades de las que disponemos volveremos a una situación de miseria comparable a periodos como la edad media. Al acabarse el agua dulce, cuando el sol proyecte implacable radiaciones mortales o exista un mayor porcentaje de contaminación en el aire que de oxígeno.

Y en medio de esta situación nosotros, los mismos que nos esforzamos en intentar levemente cambiar el mundo y dejar nuestra huella en él.
Nos esforzamos en que a lo largo de nuestra vida realicemos algo por lo que seamos recordados.

Decía un sabio que la única forma de ser inmortales es persistir en la memoria de quienes nos rodean.

1 comentario:

  1. Gran artículo, plagado de verdades. Comparto tu idea de que una vida plena es mejor que otra insulsa y prolongada. Y también es cierto que la muerte no debería ser algo infame, sino la culminación de una vida.

    Por cierto, la expresión que has utilizado: "manotazo de amanerado"... es simplemente maravillosa. Qué jartá de reir...

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